Soy yo

Crítica:
Dime quién soy (Julia Navarro)

Sinopsis
Guillermo Albi, un periodista de bajos vuelos, recibe un encargo de su tía, la matriarca de la familia, para investigar la azarosa vida de su bisabuela, Amelia Garayoa. De ésta, su familia sólo sabe que se marchó de España con un joven comunista poco antes del comienzo de la Guerra Civil, dejando en Madrid tanto a su marido y a su hijo como al resto de su familia. Aunque su tía deja de financiarle sus ya comunes viajes por Europa, Laura, prima de Amelia Garayoa y ya anciana, decide darle ella misma el dinero para que continúe con sus pesquisas. Entonces continúa reconstruyendo la historia de su bisabuela, visitando a profesores e incluso a las mismas personas que, en su juventud, compartieron vivencias con Amelia. Guillermo habrá de seguir sus pasos y encajar todas las piezas de su vida, dispersas en todo el mundo, con el objetivo de rescatar la historia de su bisabuela y plasmarla en papel.

Crítica
Julia Navarro nos brinda con Dime quién soy un magnífico ejemplo sobre cómo hacer una biografía inmersa en el nudo de una novela. También sumerge al lector en la historia de Europa durante todo el siglo XX, detallando con claridad la posguerra española y la Europa de los fascismos, así como en la Buenos Aires de principios de siglo.

En el periplo global que realiza Guillermo, el periodista protagonista, en busca de información sobre su bisabuela, Amelia Garayoa -con cuya familia la suya nunca ha tenido relación alguna-, Julia Navarro introduce párrafos muy significativos que ayudan al lector a comprender las circunstancias enmarcadas en ese contexto, instruyéndole a la vez sobre la historia contemporánea. De esta forma, junto con la vida de Amelia, conocemos la vida de la "gente bien" porteña, la experiencia tanto en el gueto de Varsovia como en la prisión de Pawiak, la situación en los campos de concentración, la represión franquista, la Italia de Mussolini, y un largo etcétera.

Como historiadora, no puedo pasar por alto tampoco el análisis a las ideologías que hace Navarro. El siglo XX fue, por excelencia, el siglo de las ideologías y ella ha sabido plasmar esto a la perfección con cada personaje, argumentando qué motivos les llevan a pensar en un lado u en otro, o incluso concretando, en el caso de Max, que si bien no es nazi, no dudó en colaborar con el III Reich en la guerra para servir a su patria, Alemania, sin pensar que quizá lo que hacía era lo contrario: perjudicarla, como posteriormente se vio.

A pesar de la amplitud del libro -consta de más de mil páginas-, su lectura es agradable y rápida. Engancha, si no desde el principio, a partir de la página 50. Desde ahí es imposible dejar de leer. La trama, bien hilada en todo momento, es acompañada por una magnífica caracterización de los personajes, que son incluso más descritos que la propia protagonista. Navarro nos permite conocer de primera mano a Santiago, a Edurne, a  Pierre, a Lola, a Max, a Albert, entre otros, mucho mejor que a Amelia. Además, todos van sufriendo una transformación y una evolución psicológica determinada por sus circunstancias vitales, ninguno es el mismo en 1936-39 y en 1945: la guerra ha hecho mella en ellos.

Esta novela posee una capacidad que personalmente valoro mucho en los libros que leo, y es que consigue empatizar con el lector. Te permite sentir desprecio, pena o simpatía con algunos de los caracteres o de las situaciones, sin llegar a aburrir con excesivas descripciones inútiles.

El único aspecto negativo que, a primera vista, creo que debo señalar es que para mí quizá resultó previsible lo que la autora esperaba que fuera una revelación con el final de la novela. Desde que Guillermo deja de trabajar para su tía, se me hizo claro "el misterio final", y a partir de la mitad de la novela deduje el significado del título, ya que siempre le doy vueltas a por qué un autor ha titulado su obra de determinada forma. Sin embargo, otras personas que han leído la novela me mostraron su perplejidad con el final, así que podría ser que yo fuera avisada de antemano y por eso estuviera pendiente para revelarme a mí misma la sorpresa. Al fin y al cabo, nadie oculta nada y es Guillermo quien presupone todo. Navarro utiliza -analizándolo con frialdad- un recurso para añadir intriga que una novela de estas características ni siquiera necesita.

En definitiva, aunque Dime quién soy gustará especialmente a los apasionados de la Historia del siglo XX, también es del agrado de cualquier tipo de lector interesado en leer una trama sólida, bien hilada, llena de aventuras y con personajes entrañables. Es digno de ver, sobre todo, por una parte, el desarrollo vital de Amelia, cómo se convierte de una madrileña burguesa -orgullosa de sus orígenes vascos- a una especie de Matahari políglota, dispuesta a matar cuando es necesario, y, por otra, su transformación posterior en algo radicalmente distinto, que, pese a que no lo desvelaremos aquí, sí señalaremos que fue su propia expiación.


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